lunes, 22 de marzo de 2010

Obra de Teatro

Narrador: Todo presente tiene su pasado, el origen de esta historia surgió a raíz de las acciones tomadas por Labdaco, padre de Layo, quién desafió a los dioses, ignorando las consecuencias que podrían perjudicar a sus descendientes.

Entra en escena Labdaco.

Labdaco: Maldigo a los dioses quienes han hecho de mi vida una inmensa desdicha.
Voz en off (Dioses): Oh Labdaco gran rey de Tebas, como te atreves a retar a los Dioses, por tu ingrato comportamiento has desencadenado una gran plaga para tu familia y tu pueblo.

Narrador: Tras la muerte de Labdaco, su descendiente, Layo, tuvo que atenerse al fatal destino que le impusieron los malos actos de su padre.

Entran en escena Layo, Yocasta y Edipo.

Yocasta: Qué gran orgullo que siento por nuestro príncipe, futuro rey de éstas tierras.

Layo: Considero que es de estricta necesidad consultar al oráculo el destino impuesto a nuestro pequeño.

Entra en escena Oráculo y Layo.

Layo: Gran oráculo te imploro me reveles el azar, pues el destino de mi hijo te vine a consultar.

Oráculo: Sabio rey de Tebas te he de confesar: tu hijo ha de matarte y a tu mujer desposar.

Cambio de escena.
Noche. Entran en escena Layo y Yocasta

Layo: Mi querida Yocasta reina de mi corazón, una mala noticia se nos ha revelado, un tétrico futuro nos depara si a este infante no abandonamos, pues no nos queda otra si lo que queremos es vivir, dejémoslo en el bosque donde ha de morir.

Yocasta: Oh mi amado, si es lo único que podemos hacer, prefiero entregar a nuestro hijo a una mensajera y dejarlo en el corazón del bosque.

Entran en escena Layo y la Mensajera.

Layo: Este niño te entrego con sólo un deseo, toma, llévatelo, donde nadie pueda oírte. Cuando estés sola mátalo, desaparécelo y más nadie podrá saberlo.

Mensajera: Si mi rey.

Narrador: Y así, Layo abandonó a su hijo, lanzándolo a una muerte segura, pero los dioses en muestra de su infinito poder no dejarían que Layo escapara de su destino. Un mensajero del reino Corintio encontró al niño guindado de pies en un árbol y lo presentó a sus reyes quienes lo criaron como suyo.

Muchos años después en el reino Corintio…

En escena su madre adoptiva reina de otras tierra.

Reina de Corintio: Te noto perturbado y hasta algo extraño, ya no pareces tú hijo, ¿Es que hay algo que te está afectando?

Edipo: Ni yo mismo me reconozco, siento que no aquí no pertenezco, últimamente me siento fuera de lugar; por los rumores me encuentro predispuesto.

Reina de Corintio: Tranquilo hijo, las cosas van a mejorar. ¿Qué has escuchado que te ha molestado?

Edipo: Las lenguas cuentan que soy adoptado.

Narrador: Tras la intriga de Edipo la realidad ha de buscar y es por eso que al Oráculo fue a consultar.

Entran en escena Edipo y el Oráculo.

Edipo: Oh gran oráculo quiero saber la verdad, se rumorea en el pueblo que soy un bastardo impostor.

Oráculo: No hagas caso a los rumores pero si te revelaré la verdad; estás destinado a contraer matrimonio con tu madre y matar al padre que te engendró.

Edipo: No, no te creo.

Oráculo: Los dioses han hablado.

Narrador: Y así, Edipo huye de Corintio, tratando de escapar el destino dicho por el oráculo; camino lleno de retos.

En escena: cruzada del Rey Layo con sus guardias y Edipo.

Guardia de Layo: Detente, va pasando mi señoría.

Edipo: ¿A caso no sabes a quién te estás dirigiendo?

Guardia de Layo: Mi señoría tiene mucha más autoridad que usted, aquí y en cualquier otro sitio.

Edipo: Tonterías, ya verás insolente.

En escena se presenta el enfrentamiento en el que Edipo mata al rey de Tebas, Layo.

Narrador: A las afueras de Tebas, Edipo se encuentra con una esfinge en su camino, un acertijo lo separa del final de su viaje y de contestar mal, acabaría con su vida.

Esfinge: ¿Cuál es la criatura que en su aurora está en cuatro patas, durante el transcurso de su vida en dos patas y en su ocaso está en tres patas?

Edipo: La respuesta a su pregunta es el hombre, puesto que cuando nace necesita sus cuatro extremidades para gatear, al crecer sus dos piernas para caminar y cuando se envejece, necesita la ayuda la ayuda de un bastón para andar.

Narrador: Edipo no sólo ganó el derecho a continuar su viaje, también fue proclamado como rey de Tebas, al ser la única persona capaz de responder el mortal acertijo de la esfinge.

Entran en escena Yocasta, Creonte y Edipo.

Yocasta: Oh! Edipo, Qué agridulce sorpresa; los dioses y su infinita sabiduría nos han quitado a Layo pero te han enviado a ti.

Edipo: Gracias por su confianza, no era esto lo que me esperaba.

Yocasta: La sabiduría de los dioses no puede ser negada, has sido elegido como mi esposo y salvador de nuestras tierras.

Creonte: Pero hermana, no todo está resuelto, no podemos seguir festejando mientras ésta peste invade nuestra ciudad.

Edipo: Creonte, te juro a ti y a tu hermana que no descansaré hasta que Tebas sea el reino más grande de este mundo.

Creonte: Pero para eso, tendrás que encontrar al asesino del rey, he hablado con el adivino Tiresias quién ha dicho que esa es la única solución.

Entra en escena Edipo hablando al pueblo.

Edipo: Proclamo ante todos, ciudadanos Tebanos lo siguiente: Quién crea de ustedes que sepa a manos de quien murió Layo me lo anuncie y si teme por el mismo, que no tema, que no sufrirá contratiempo alguno, que se marchara del país con garantías.

Narrador: Edipo no podía ocultar su preocupación, algo andaba mal en Tebas y él era el responsable de averiguarlo, por eso mandó a llamar a Tiresias, el sabio.

Entran en escena Tiresias y Edipo.

Edipo: Viejo Tiresias, quería saber que habló usted con Creonte, sobre los problemas que aquejan en las tierras de Tebas.

Tiresias: Qué irónico que usted no lo sepa.

Edipo: Explícate anciano.

Tiresias: Sólo digo mi señor que debe tener cuidado con lo que le dice a la gente.

Edipo: Explícate entonces.

Tiresias: Edipo, tú eres el hombre que buscas, por tus proclamas quedarás ciego y divagarás inútil por el mundo.

Edipo: ¿Cómo te atreves a decir esto? Despójate de mi casa.

Tiresias: Me retiro mi señor.

Entran en escena Yocasta y Edipo.

Edipo: ¿Has de creer lo que me ha dicho Tiresias?

Yocasta: Tranquilo Edipo, no te aflijas; a veces la edad y los tragos hacen de las palabras un engaño.

Edipo: ¿Cómo se atreve a insinuar que debo aplicar el decreto a mi mismo?

Yocasta: Tonterías, todos sabemos que Layo murió en la encrucijada de tres caminos por varios hombres.

Edipo: ¿Encrucijada de tres caminos?

Entran en escena el mensajero y la criada.

Edipo: Mensajero, es grata tu llegada, pero creo que tus noticias no son buenas.

Mensajera: Es así joven Edipo, he venido a traerle tristes noticias sobre el reino Corintio; su padre, el rey Pólibo ha muerto, por lo que le corresponde a usted tomar el trono.

Edipo: Me dejas sin palabras, Pólibo ha muerto de viejo pero espero que los dioses se lo hayan llevado en paz.

Mensajera: Sí mi señor, doy confianza de ello, yo lo vi descansar finalmente. Sin embargo, hay otra cosa más que debe saber, usted no es hijo legítimo del rey Pólibo, yo lo encontré a las afueras del palacio, se lo di a mis reyes ya que los dioses no les dieron la oportunidad de tener un hijo propio.

Criada: ¿En las afueras del palacio, cerca del establo?

Mensajera: Ciertamente.

Criada: Eso quiere decir que el hijo de Layo, al que me mandó a matar ¿Lo recogiste tú? Edipo es el hijo de Layo.

Yocasta: ¿Qué? ¡No, no puede ser!

Narrador: Yocasta, en su excesiva depresión no encuentra otra salida que quitarse la vida. Edipo, se quitó la vista como castigo al crimen que había cometido, se sometió al exilio cargando su pena incesantemente hasta el día de su muerte, una vez más la voluntad de los dioses se había cumplido en una noche como otras, una noche en la antigua Grecia.

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